La brisa nocturna se vuelve más fresca a medida que la cena avanza.
Las copas ya no están llenas, el vino ha dejado un rastro oscuro en el cristal y las velas se han consumido lo suficiente como para derramar cera sobre el mantel.
El mar sigue meciéndose con una calma engañosa, demasiado serena para lo que ocurre entre ellos.
Jules se levanta despacio y se apoya ligeramente en la baranda del yate, dejando que el aire salado le acaricie el rostro, intentando despejar la cabeza… aunque no lo co