Al ver que Ana acercaba su mano, ella se encogió mostrando miedo, retrocediendo hacia la pared, enseguida lanzó un grito desgarrador, agudo.
—¡No me toque! ¡Suélteme! ¡Por favor, no! ¡Ya no me golpee!
Se cubrió la cabeza con los brazos, temblando, Ana retrocedió al ver el miedo reflejado en sus ojos, el ama de llaves lloraba.
—Dios mío… Dios mío… —murmuró Ana, mirando a Henrik, sin saber qué hacer.
Christopher se acercó a Elin sin tocarla.
—Señorita Elin —dijo, tratando de que su voz sonara sua