Lía llegó a la oficina, temprano como lo hacía cada mañana, Christopher siempre pasaba por ella y la llevaba, colocó el bolso sobre su escritorio, de repente escuchó la voz elevada de Arthur, provenía de la oficina y parecía que hablaba por teléfono, se escuchaba molesto, eso a Lía le pareció extraño, Arthur nunca se enojaba, o eso pensaba.
—¡No me vengas con eso! —gritó Arthur— ¡Es una cabronada y lo sabes! Ella se merece, como mínimo, una puta explicación, no ha hecho nada.
Hubo una pausa, Ar