Arthur suspiró profundamente, agarrando fuertemente el volante.
—Lía —dijo, mirándola comprensivamente— entiendo tu necesidad de verlo, créeme que lo hago, pero te aseguro que no puede ser él, podría ser alguien que se le parece, ya ves que dicen que en este mundo hay siete personas idénticas viviendo en un mismo tiempo, ¿Viste el rostro? ¿Estás segura?
Lía, negó con la cabeza.
—No —murmuró — solo vi su espalda cuando iba entrando en ese hospital privado.
—Ja, ja, ja —Arthur se rió— vamos, Lía