Mientras tanto, en Dinamarca, Lía estaba sentada en el muelle privado de la mansión. Los pies colgaban sobre el agua fría. Mikkel estaba a su lado.
Ella apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Sabes qué pensé anoche mientras dormías? —preguntó en voz baja.
Mikkel le besó la sien.
—Dime.
—Que si algún día Astrid vuelve no quiero odiarla, quiero que sea libre, quiero que encuentre algo que la haga sentir viva. Como yo me siento contigo.
Mikkel la abrazó.
—No va a volver —dijo— y si vuelve la enfrentaremo