Lía se despertó sintiendo un exquisito aroma a café y vainilla, al voltear, Mikkel estaba ahí, parado junto a la cama, con una bandeja en las manos y esa mirada que siempre le ponía cuando pensaba que ella no lo veía.
— ¿Cuánto llevas mirándome como idiota? —preguntó ella, con la voz ronca de sueño, estirándose bajo las sábanas.
Mikkel dejó la bandeja en la mesita y se sentó al borde de la cama, le acarició la mejilla con los nudillos.
— Desde que amaneció, quería verte despertar, quería ser lo