A la mañana siguiente, Lía se despertó sintiendo la boca seca y una extraña sensación dentro de su pecho que no se iba.
Mikkel ya no estaba en la cama, escuchó el sonido de la ducha en el baño, se incorporó despacio, sintió un mareo y la cabeza pesada, sintió náuseas.
—Joder —murmuró, frotándose las sienes.
Se levantó y se dirigió al espejo, se veía pálida, alrededor de sus ojos se notaban unas ojeras profundas.
Mikkel salió del baño envuelto en toalla, aún tenía el cabestrillo en el brazo.
La