Mikkel ya estaba demasiado pasado de copas, pero insistía en seguir ahogando sus penas, no podía mantenerse un minuto más en pie, el cantinero decidió no servirle más alcohol, había notado que iba solo, y si seguía tomando así, se metería en problemas.
—¡Dame el maldito whisky! —ordenó Mikkel, tambaleándose, recargándose sobre la barra para no caerse.
—Ya te dije que no te daré más alcohol, estás hasta el cuello, es hora de que te vayas a casa —respondió el cantinero tratando de mantener la cal