Lía abrazó fuertemente a Henrik, hundiendo el rostro en su hombro, él la rodeó con sus brazos, acariciándole el cabello.
—Tranquila, mi niña, ya está aquí el abuelo, nadie te va a hacer daño —murmuró tratando de tranquilizarla.
Se dirigieron a la sala. Lía preparó una taza de té para el abuelo, cuando regresó, Henrik dio unos golpecitos con la mano en el sillón a su lado.
—Siéntate aquí, hija, ahora sí, cuéntame, ¿Qué ha pasado?
Lía bajó la mirada.
—Abuelo, no es bueno que te llene de problemas