Cuando llegaron a la villa, Henrik ya los esperaba. Estaba de pie junto a la ventana, con el bastón apoyado en el suelo y la mandíbula apretada.
—Los vi —dijo sin preámbulos— a los dos, mi amigo estaba de pesca, su lancha estaba frente al muelle, me mando el video de esas perversiones.
Mikkel apretó los dientes.
—Abuelo…
—No digas nada todavía —lo cortó Henrik— esa mujer —miró a Lía— y ese hombre que la acompaña, son veneno puro. Pero el veneno solo mata si lo dejas entrar en la sangre. Y aquí