Pasaron horas. Lía se sentó en un taburete alto y empezó a revisar planos con Millie. Tobías y Nicolás desarmaban un motor. Mikkel, con una camiseta vieja que Mikey le prestó, ayudaba a montar un chasis nuevo. Freja se dedicaba a organizar herramientas y a gritarle a todos que no fueran brutos.
Lía los miraba, el pecho se le llenaba de algo cálido, casi doloroso, por primera vez en meses sintió que respiraba sin que le doliera el alma.
Pero entonces el teléfono de Mikkel vibró, miró la pantall