Lía abrió los ojos enormemente al escuchar aquella estupidez, no podía creerlo.
—¿Te estás escuchando? —le preguntó temblando de rabia —lo importante ahora es Henrik, deja de perder el tiempo y llevalo al hospital, ¡YA!
El jardinero recostó a Herik en el asiento trasero de la camioneta.
—Señor, tiene que llevarlo, ya, no puede esperar más.
Mikkel apartó la mirada de Lía y subió al volante.
—Yo también voy —dijo Lía.
—No, tú no vienes —contestó Mikkel —Ana vendrá con él —dijo, refiriéndose al am