Juana siguió con la mirada a Sky, mientras la joven se alejaba por el pasillo rumbo a su salón, casi arrastrando los pies, la joven omega no pudo evitar sentir una vez más, esa punzada amarga en el pecho que ya no era solo de pena, sino una mezcla de impotencia y temor, y es que como enfermera del instituto y como omega, sabía mejor que nadie lo que Sky padecía día tras día allí dentro, las burlas, los empujones, las miradas de desprecio, como así también gracias a las veces que había curado su