98. Noche de máscaras.
La noche cae sobre el santuario como un velo tejido de sombras y de luces temblorosas, la fiesta se extiende en los pasillos engalanados con telas rojas y doradas, y cada rincón huele a incienso, a vino derramado y a sudores mezclados que se confunden con las risas nerviosas de quienes saben que la armonía que se finge esta noche no es más que un disfraz frágil que se quiebra en cuanto se clavan las miradas, en cuanto los dedos se rozan demasiado tiempo, en cuanto los labios pronuncian palabras