74. El hijo que me reclama.
Nunca quise ser madre, ni diosa, ni canal. Nunca pedí llevar en la piel la marca de los siglos ni que en mis entrañas ardiera un fuego que no sembré. Y, sin embargo, aquí estoy: rodeada de cenizas que aún humean, envuelta en cánticos que nadie me enseñó pero que mi lengua reconoce como propios, con las manos ardiendo por una energía que no me pertenece y que, sin embargo, me acaricia como si siempre hubiera sido mía. Y con él, ese pequeño ser que llaman niño, aunque de niño solo conserve la for