68. Entre el deseo y el destino.
Averis se inclina hacia mí, y sus labios rozan mi oreja con un temblor apenas contenido, un roce que es amenaza y caricia a la vez, un recordatorio de que cualquier elección que haga no solo me pertenece a mí, sino que arrastrará consigo ecos que ni siquiera puedo prever.
—Entonces, ¿qué eliges, Névara? —murmura, y su voz se desliza por mi piel como un río oscuro que arrastra piedras y secretos. —¿Entregarme tu cuerpo, fundirte conmigo en este ciclo eterno? ¿Destruirme y romper las cadenas que