616. No me voy ir.
Siento que la noche respira conmigo.
El campamento está en silencio, pero no es paz lo que flota en el aire, es esa calma frágil que aparece antes de que todo estalle. El fuego se consume lento, las brasas dibujan sombras sobre el rostro de Kael mientras afila su daga con movimientos precisos, casi hipnóticos. Lo observo desde la entrada de la tienda, abrazándome los brazos como si el frío viniera de afuera y no de ese presentimiento que me atraviesa el pecho.
—Me miras como si fuera a desapare