56. La llama y la sombra.
No fue una decisión tomada con el corazón, ni siquiera con la mente, sino con ese pulso antiguo que late en la sangre cuando el tiempo se contrae sobre sí mismo y las fuerzas que durante generaciones han permanecido en silencio reclaman un espacio para manifestarse, un eco que atraviesa los huesos y grita desde los abismos del alma, obligando a actuar sin dudar, porque el poder que fluye en mi vientre desde la concepción del niño —ese latido que no pide permiso ni ofrece tregua— me exige movimi