52. Fuego entre lobos.
Las sombras del atardecer se deslizan por los ventanales del salón como lenguas de humo que buscan enredarse en cada rincón, recortando la silueta de Meira mientras atraviesa la sala con pasos medidos, cada uno cargado de una tensión que se siente en la piel, como electricidad estática en el aire antes de la tormenta. La luz que cae sobre su cabello lo hace brillar con reflejos rojizos, y su mirada, fija en mí, es un filo que corta más profundo que cualquier cuchillo; en ella hay deseo, sí, per