51. Santuario en la penumbra..
Después, cuando el fuego de la pasión comienza a ceder y la piel brilla con el sudor de nuestro encuentro, Meira y yo quedamos entrelazadas, cuerpos y almas fusionados en un silencio que habla más que cualquier palabra. La respiración se calma poco a poco, pero aún sentimos el eco de cada caricia, el recuerdo del roce de la piel y de la lengua que dejó un rastro de calor profundo. Siento su cuerpo contra el mío, una presencia sólida que me ancla y, al mismo tiempo, me libera, un equilibrio deli