457. El lugar donde el nombre deja de proteger.
Entro en el siguiente movimiento sin escoltas visibles y sin promesas previas, porque he comprendido que el punto de quiebre no admite testigos cómodos, solo presencias dispuestas a cargar con lo que ocurra después, y mientras avanzo hacia el espacio acordado —un recinto intermedio, ni público ni secreto, diseñado para que nadie pueda fingir inocencia— siento cómo el mundo se afina a mi alrededor, como si cada superficie supiera que lo que va a decirse allí no podrá retirarse sin dejar cicatriz