413. La promesa que quema más lento que la guerra.
No empiezo este día con certezas, sino con una sensación persistente de latido contenido, como si algo en mí hubiera aprendido a respirar de otra forma después de la ruptura, y ahora cada pensamiento se acomodara alrededor de una pregunta que no pide respuesta inmediata, pero tampoco permite ser ignorada: qué ocurre cuando el poder deja de ser una carga y se convierte en una elección que se renueva a cada instante.
Siento a Aeshkar incluso antes de verlo, no como una sombra ni como una amenaza,