411. Y cree saber lo que eres tú.
No es el miedo lo que me empuja a moverme después de la retirada, tampoco la urgencia ni la necesidad de demostrar que sigo siendo la misma reina que aprendió a dominar el tablero antes de comprender el costo de cada pieza sacrificada, sino una sensación más compleja y difícil de nombrar, una presión suave que nace en el centro del pecho y se expande hacia los hombros, recordándome que el poder que ahora me habita no tolera la inmovilidad prolongada, aunque tampoco exige precipitación, y en esa