373. Donde el deseo aprende a ser arma.
No hay alivio después de la ruptura del sello, solo una expansión silenciosa que me deja sin bordes claros, como si el mundo hubiera decidido acercarse demasiado y yo ya no supiera dónde termina mi voluntad y dónde comienza aquello que ahora me habita, porque el poder no se retira cuando se lo convoca, se queda observando, aprende, recuerda el camino que le permití recorrer.
Aeshkar permanece cerca, no tocándome, no alejándose, ocupando ese espacio intermedio que resulta más perturbador que cua