370. El deseo que no pudo ser sellado.
No hay nada más aterrador que sentir cómo el propio poder aprende a moverse sin pedir instrucciones, como si cada latido encendiera un lenguaje antiguo que mi sangre recuerda mejor que mi mente, y en medio de ese despertar incompleto, lo único que consigue anclarme es la certeza de que Aeshkar sigue ahí, contenido por fuerzas que no buscan destruirlo, sino utilizarlo como un anzuelo vivo para quebrarme.
Lo comprendo cuando los Selladores cambian la cadencia de su ataque, cuando dejan de presion