369. Permanezco tendida.
Lo que más me perturba no es la magnitud del poder que empieza a rodearme, sino la forma en que deja de pedirme permiso, como si hubiera entendido que ya no necesito decidir para ser atravesada por él, como si mi cuerpo se hubiera convertido en una frontera porosa donde el deseo, el miedo y la voluntad ajena se filtran sin anunciarse, dejando una estela tibia que me acompaña incluso cuando cierro los ojos.
No duermo.
Permanezco tendida, con la espalda apoyada contra la piedra fría, sintiendo có