371. Vienen por mí.
No sabía que una decisión podía sentirse así en el cuerpo, no como una idea que se sopesa ni como una palabra que se pronuncia, sino como una presión lenta y constante detrás del esternón, un peso que se acomoda entre la respiración y el latido hasta volverlos inseparables, y mientras el silencio posterior a la retirada de los Selladores se estira como una piel demasiado tensa, comprendo que lo que viene no será un ataque frontal, sino algo mucho más preciso, más cruel en su cálculo.
Aeshkar lo