356. Cuando mi nombre deja de ser silencio.
A veces siento que mi pecho no es un espacio para respirar sino una cámara hecha para contener deseos que nunca se dicen y verdades que se aprietan demasiado fuerte contra las costillas, esperando el segundo exacto en que se rompa la prisión donde las mantuve dormidas tanto tiempo, y ahora, mientras observo cómo los Selladores obligan a Aeshkar a inclinarse como si su esencia fuera arcilla maleable, descubro que no puedo seguir siendo la mujer que intentaba negociar con cada retazo de su propio