357. El estremecimiento que desarma el mundo.
Aeshkar no pensó jamás que el deseo pudiera nacer en un instante tan inhóspito: con los Selladores aún custodiando la prisión ritual que ya comenzaba a ceder, con su cuerpo inmovilizado por un entramado de marcas antiguas que ardían como ceniza viva, con la garganta tensa por la frustración y el miedo que había tratado de sofocar durante años; sin embargo, lo que sintió cuando el poder de Névara comenzó a desplegarse —no como un estallido caótico, sino como la revelación profunda de algo que si