355. Donde incluso el fuego aprende a arrodillarse.
El instante en que los Selladores se reorganizan tras la explosión de poder compartido, ese pulso prohibido que Aeshkar y yo dejamos escapar cuando nuestras fuerzas se entrelazaron como dos corrientes de un mismo río que finalmente admiten su origen, es casi imperceptible para el resto de los combatientes, pero yo lo siento como un hueco repentino bajo los pies, una presión helada que me asciende por la columna y me obliga a inhalar con una lentitud que no es del todo mía; es la reacción de mi