354. Cuando la forma recuerda el cuerpo.
Ella se vuelve hacia él.
La luz oscura proyecta sombras largas sobre su rostro, pero sus ojos brillan con un fulgor que no había poseído ni siquiera antes de perder su memoria: un brillo profundo, húmedo, casi febril, como si la Forma Primogénita hubiese devuelto no solo su poder, sino una intensidad emocional que había sido cuidadosamente reprimida, tapiada, encerrada bajo capas de sellos mentales.
Aeshkar la mira sin ocultar la conmoción, pero también sin querer ocultar el deseo que trepa por