353. La forma final de mi poder.
El aire se contrae alrededor de Névara como si el mundo respirara hacia adentro.
No es un estallido.
No es un rayo.
Es un desvelo.
Primero viene el sonido: un pulso bajo, casi un gemido del propio tejido de la realidad.
Luego, la luz: no blanca, no dorada, sino la luz de algo que jamás debió ver el día, un resplandor que parece surgir desde dentro de la sangre, como si cada recuerdo prohibido fuera ahora una luciérnaga despierta en su carne.
Y entonces… la forma.
Ella no la crea.
Ella la recuerda.
El poder toma contorno alrededor de su silueta, elevándose como pétalos de sombra líquida y filamentos de un canto antiguo. Es algo vivo: ondula, respira con ella, late con el mismo ritmo que su corazón acelerado por el deseo, la ira y la memoria recién recuperada.
Los Selladores retroceden sin quererlo.
El más anciano murmura, temblando:
—Es… la Forma Primogénita.
Aeshkar siente cómo se le aprieta la garganta. Aquello no es solo energía.
Es un eco de la primera unión entre los seres como él