353. La forma final de mi poder.
El aire se contrae alrededor de Névara como si el mundo respirara hacia adentro.
No es un estallido.
No es un rayo.
Es un desvelo.
Primero viene el sonido: un pulso bajo, casi un gemido del propio tejido de la realidad.
Luego, la luz: no blanca, no dorada, sino la luz de algo que jamás debió ver el día, un resplandor que parece surgir desde dentro de la sangre, como si cada recuerdo prohibido fuera ahora una luciérnaga despierta en su carne.
Y entonces… la forma.
Ella no la crea.
Ella la recuer