352. Siento cómo me deja sin voz.
El primer golpe desciende sin aviso.
Una lanza de luz azul, afilada, pura, ejecutada con precisión quirúrgica, se proyecta hacia mí con una frialdad que me deja helada; no busca herir, ni matar, sino inmovilizar, arrancar, separar las partes de mí que acaban de encontrarse. El aire suena como un cristal que se estira más allá de su resistencia, y yo apenas alcanzo a alzar la mano antes de que el impacto me atraviese los sentidos como una campana gigantesca resonando desde adentro.
Siento cómo m