335. Cuando dos abismos respiran al mismo tiempo.
Trato de incorporarme, pero él me sostiene con suavidad, su mano en mi nuca, su fuego envolviéndome como si temiera que este despertar me desgarrara desde adentro si me movía demasiado rápido. Y cuando nuestras miradas se encuentran, veo reflejada en sus ojos esa luz que se ha encendido en mí, una luz que no pertenece a su fuego, una luz que es completamente mía, dorada y oscura al mismo tiempo, una contradicción que late como un corazón adicional.
Y es entonces cuando ocurre.
El fragmento.
La