304. El fuego que se alza como un hombre.
Creí que el fuego solo sabía consumir y ascender, que su naturaleza era devorar sin memoria, sin forma, sin contemplación. Me equivoqué. Lo supe en el instante en que la llama dejó de arrastrarse por el suelo y empezó a reunirse sobre sí misma, torciendo la luz hacia un centro que no era lugar sino intención, como si el calor hubiera descubierto su columna vertebral y decidiera erguirse en la forma que más nos hiere: la humana.
No ardía como un incendio. Respiraba.
Primero los contornos: hombro