305. El fuego que me nombra cuando caigo.
Sé cuándo pierdo el control.
Lo siento primero en la lengua —como si un sabor metálico, mezcla de sangre anticipada y deseo, se derritiera ahí— y luego en las piernas, cuando dejan de obedecer el orgullo y comienzan a obedecer el instinto. A veces finjo que puedo ocultarlo, contener la marea, pero él… él nace precisamente en el lugar donde finjo más.
Su cuerpo de luz se inclina apenas, como si buscara escuchar la grieta exacta que se abre en mi pecho, y ese gesto, tan simple, tan humano, me des