290. El espejo de los amantes.
El amanecer llega sin ruido, filtrándose por los vitrales como si el cielo tuviera miedo de interrumpir lo que aquí ocurrió.
El Duque partió antes de que los sirvientes despertaran, dejando tras de sí solo el eco de una respiración entrecortada y el perfume seco que ahora impregna mi ropa. Nadie sabe aún que sellamos algo más peligroso que un pacto político: un vínculo que no pertenece a este mundo. Lo presiento en el aire, en el temblor que sigue latiendo bajo mi piel, en el modo en que la luz