239. La máscara de la viuda.
La penumbra de su cámara huele a medicina, a sudor enfermo y a incienso rancio que no consigue ocultar el hedor de la muerte que se acerca como un amante indeseado. Camino despacio, mis pasos apenas levantan el eco en las alfombras gruesas, y cada movimiento mío es calculado para que su mirada cansada me siga, como si fuera la única visión que aún lo ata a este mundo. Lo encuentro recostado, la piel ceniza, las venas marcadas en un cuerpo que alguna vez infundía respeto y ahora apenas sostiene