237. Hay rumores...
El rumor ya no me persigue, ahora es mi sombra domesticada, mi mejor disfraz. Lo utilizo como un perfume que impregna las paredes de la corte, y quienes se acercan a mí no saben si respiran veneno o miel. Esta noche decido dar un paso más: convierto el murmullo en un lazo, la sospecha en un arma, la intriga en un banquete donde cada palabra y cada gesto serán hilos invisibles que tejerán la red que necesito.
He convocado en secreto a tres caballeros influyentes, hombres cuya ambición supera a s