228. El vino en la piel.
El sol se esconde detrás de las colinas, tiñendo el cielo con un fuego líquido que parece derretirse sobre las nubes, y yo siento que la tarde nos pertenece como si el mundo entero hubiera decidido detenerse para permitirnos este instante que aún no tiene nombre pero que sé, desde ya, que será imposible olvidar, porque llevo demasiado tiempo buscando un modo de escapar de las sombras y hoy quiero celebrar que mi cuerpo todavía sabe arder.
La mesa frente a nosotros está cubierta de frutos maduro