214. Señora de sombras.
La noche de la corte se viste de oro y espejismos, el salón es un océano de luces que titilan en los candelabros, cada nota de los violines resuena en mis huesos como una invitación velada, y yo avanzo entre los cuerpos como si fuera parte de la música, como si cada respiración que exhalo estuviera hecha de seda y veneno; mi vestido se adhiere a mis curvas, negro profundo con destellos escarlata que parecen arder cuando me muevo, y la máscara de encaje que cubre la mitad de mi rostro apenas log