212. El espía atrapado.
El rumor comienza como un zumbido en los corredores, una corriente sutil que se desliza entre los sirvientes demasiado atentos y los guardias demasiado callados, una vibración inquieta que anuncia que alguien ha visto lo que no debía, que alguien ha seguido un paso prohibido, que hay un intruso moviéndose bajo los tapices de esta corte donde todo se vigila y nada se perdona. Lo percibo antes de que nadie lo diga, porque las miradas empiezan a perseguirme de manera distinta, porque el aire mismo