208. El jardín prohibido.
La noche respira distinto en los jardines secretos, lejos del bullicio de los corredores y de las copas que se elevan en brindis que nunca dicen la verdad; aquí, bajo el cielo salpicado de estrellas y entre el murmullo suave de las fuentes escondidas, la oscuridad parece tener un pulso propio, como si cada sombra esperara algo de mí, como si cada flor guardara el eco de secretos pronunciados en voz baja. Avanzo despacio, dejando que mi vestido se deslice sobre la hierba húmeda, que los bordados