180. La orgía de las sombras.
El salón clandestino respira como un cuerpo vivo, cada rincón palpitando con el sonido de risas apagadas, de copas que chocan entre sí y de jadeos que se confunden con susurros. El aire está cargado de incienso y vino derramado, una neblina que arde en los pulmones y que convierte a cada rostro en un espectro iluminado por las velas titilantes, y sin embargo nadie aquí quiere claridad, todos prefieren el disfraz, la máscara, la mentira que los protege. Yo avanzo entre ellos con un vestido de se