176. El espía entre las sábanas.
El amanecer se filtra apenas por los ventanales entornados, pero la penumbra aún domina la habitación, una penumbra cargada de los olores mezclados de sudor, vino y deseo consumido, y yo permanezco entre los brazos del conspirador, sintiendo cómo su respiración agitada va cediendo poco a poco hasta convertirse en un murmullo sereno contra mi cuello, como si su pecho buscara hundirse en el mío para reclamarme incluso en el reposo, mientras mis labios trazan una sonrisa invisible porque sé que en