171. Nadie puede marcarme si no eres tú.
El espejo me devuelve un reflejo que no debería delatarme, pero la piel tiene memoria y los labios guardan todavía el ardor de un beso que no pertenecía a él, un roce clandestino que, por más que intente borrarlo con agua y perfume, sigue brillando como un incendio invisible. Me miro con la respiración contenida, acaricio con la yema de los dedos ese borde enrojecido en mi cuello, y sé que no hay excusa suficiente si sus ojos lo encuentran, porque en su mirada el deseo siempre se confunde con l