170. La visita secreta.
La noche respira hondo y cada rincón del palacio parece escucharme caminar, como si mis pasos fueran secretos susurrados en las losas húmedas. Camino despacio, con la capa ajustada al cuerpo, ocultando la piel como si eso bastara para apagar el incendio que arde en mí desde que recibí el mensaje. Mis labios todavía guardan el eco de una promesa envenenada y, aunque debería temer ser descubierta, siento que el riesgo late en mis venas con un pulso más fuerte que el miedo, como si mi cuerpo busca