163. El amante fantasma.
El sueño —si es que esto es un sueño— comienza con un murmullo que atraviesa mi piel como un roce de viento helado, un susurro que no proviene de ningún lugar y, sin embargo, vibra en mis huesos como si siempre hubiera estado allí, aguardando el momento de abrirse paso entre la sangre y el deseo. La habitación está bañada en sombras, las velas apenas sostienen sus llamas temblorosas, y yo me encuentro tendida sobre el lecho, con los párpados pesados y el cuerpo rendido a un cansancio que no es s