104. La caída en el abismo.
El aire en el santuario se espesa hasta el punto de volverse casi líquido, como si cada aliento que respiro me sumergiera en un río invisible donde fluyen las memorias prohibidas, las voces rotas y las ansias más bajas de quienes me rodean, y mientras avanzo hacia el centro del círculo que han trazado con fuego lento y con cánticos que no terminan nunca, siento que mis pasos no me pertenecen, que son arrastrados por algo más antiguo que yo, algo que late en mi sangre y que ellos quieren arranca