Cap. 76 El espía de la reina
La declaración impactó en Lucius como un balde de agua helada. Palideció visiblemente y dio un paso atrás, como si las palabras físicamente lo hubieran empujado.
—¿Qué? —logró articular, la voz quebrada por la incredulidad.
—Alba, ¿estás...? No. Es imposible. ¿Después de todo lo que ha hecho? ¿Después de lo que acaba de hacer? ¡Intentó lastimarte! ¡Lastimar al bebé!
Su mente se negaba a procesar la petición. Era una locura. Una trampa obvia. Y, sin embargo, Alba lo miraba con esa calma exaspera